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La Coctelera

El Reflejo Artístico de la Realidad

Georg Lukács considera que la obra de arte es un reflejo de la realidad. Dicho reflejo debe ser coherente, redondeada y acabada. Además, su estructura y movimiento deben resultar directamente evidentes. Lo ejemplifica con la literatura donde las conexiones más profundas de una novela sólo pueden revelarse al final. La composición resultaría equivocada si en el camino hasta llegar a ese final no hubiera en cada etapa una evidencia inmediata.

El autor afirma que toda obra de arte importante crea un mundo propio. Habla de una aparente unidad y de su incomparabilidad aparente con la realidad. ¿Qué quiere decir al utilizar el término “aparente”?
Al hablar de apariencias, Lukács se refiere a que el arte aporta un reflejo de la realidad. Ese reflejo es más fiel que la idea misma que tiene el espectador sobre esa realidad y eso es lo que atrapa a quien la contempla y se deja absorber por la obra de arte.

Sin embargo, este efecto de encantamiento puede romperse si el espectador percibe alguna contradicción y de este modo entiende que la obra de arte no es más que un reflejo incorrecto de la realidad. Por lo tanto, habrá unidad de la obra en cuanto exista una correlación entre lo real y su reflejo (obra artística).

Luego diferencia el reflejo científico del artístico de la realidad. Esta diferenciación radica en que el conocimiento científico no existe independientemente de otros, sino que forma un todo coherente. En cambio, la obra de arte sí subsiste por sí misma. Si bien considera que existe una evolución del arte, y que tiene una coherencia objetiva, no elimina el hecho de que la obra artística sólo se convierta en tal si posee una unidad y facultad para subsistir por sí misma.

Entonces la obra de arte debe reflejar las condiciones objetivas esenciales que harán posible su comprensión. ¿Pero es realmente este el papel del artista? ¿Puede, por más que lo desee, reflejar la realidad objetiva?

Lukács dice que el artista da forma a individuos y situaciones particulares y así despierta la apariencia de la vida y crea su “propio mundo”. No obstante, marca una paradoja del defecto de la obra de arte. Explica que este reside en el hecho de que nos entregamos a ella como una realidad puesta ante nosotros que aceptamos como tal más allá de que sepamos que puede no ser real sino un reflejo de ella. En otras palabras, aceptamos las reglas del juego y participamos tal como lo hacemos cuando vemos una película: nos dejamos llevar por la ficción, la aceptamos como realidad aunque sepamos que es una representación de la realidad.

El autor dice que la exactitud artística de un detalle no tiene nada que ver con la existencia real de ese detalle. Es igualmente válido si fue creado con fantasía artística. En cambio, la verdad artística de un detalle que corresponde fotográficamente a la vida es puramente casual, arbitraria y subjetiva. Por eso afirma que es factible que una obra es que esté hecha con puros reflejos fotográficamente verdaderos del mundo exterior y que en el todo, no obstante, sea un reflejo inexacto y subjetivamente arbitrario de la realidad.

Debemos volver sobre una afirmación para cuestionarla. “La obra de arte debe reflejar las condiciones objetivas esenciales que harán posible su comprensión”, dice Lukács. Pero el espectador ¿indefectiblemente debe comprender la obra?, ¿puede simplemente dejarse llevar por ella y por la sensibilidad que dicha obra le despierta en su mundo subjetivo? Por otro lado, ¿qué opina Lukács cuando se refiere a entender la obra de arte? ¿Talvez nos quiere decir que debemos interpretar aquello que quiso decir el autor? La obra, entonces ¿no toma vida propia una vez que está terminada?

Umberto Eco afirma que la interpretación de la obra artística culmina en el espectador porque una vez que la obra se expone, el propósito de autor pasa a un segundo plano y pierde importancia, pues es el espectador quién determina como lo va a interpretar. Por lo cual, puede que el espectador llegue a una interpretación diversa de aquella que quiso transmitir el artista. De acuerdo con esta visión, ¿cómo consideraría Lukács la comprensión de la obra de arte en este caso?

Necesidad y fin del arte

George Hegel en el texto se refiere a la belleza y plantea que lo bello ha sido representado como un sufrimiento, como algo puramente subjetivo. Se interesa por el papel de lo bello en el arte. Afirma que hay tres aspectos del sentido común que representan la idea de lo bello en el arte.
Ellos son:

1- El arte no es un producto de la naturaleza sino de la actividad humana.
2- Está esencialmente hecho para el hombre y, como se dirige a los sentidos, recurre más o menos a lo sensible.
3- Tiene su fin en si mismo.

Desarrolla la primera proposición e indica varios prejuicios que se propone refutar. Ellos son:

El arte se aprende conforme a las reglas

El autor explica que esta opinión es reduccionista al tomar simplemente la parte exterior, mecánica y técnica del arte. La parte espontánea del artista no es valorada bajo esta concepción. Aclara que todo arte puede aprenderse con trabajo y hábito pero que no sólo es importante que lo haga a la perfección sino que ponga emoción y que transmita sentimientos. Esto sólo puede lograrse cuando el propio artista se involucra con lo que hace. Por lo tanto, la parte técnica indefectiblemente debe estar unida a la emocional.

Las obras de la naturaleza son superiores a las obras de arte

Este principio se basa en que los productos que salen de las manos de los hombres son inanimados, mientras que los de la naturaleza son orgánicos y vivientes. Concluye que las creaciones del arte son más elevadas que los productos de la naturaleza porque ninguna existencia real expresa lo ideal como lo expresa el arte. Afirma que el espíritu da a sus creaciones una perpetuidad que no tienen los seres de la naturaleza. ¿Pero porqué deberían competir el arte y la naturaleza?

Los consideramos como dos hechos totalmente diferentes que no tienen que competir entre sí sino complementarse. La postura de Hegel parece ser un tanto extrema ya que ninguna de las dos es superior a la otra, sino diferentes. ¿Se podría decir que la creación de un artista, producto de sus sentimientos y emociones es superior a la naturaleza misma en la que se inspiró?
Por otro lado, la naturaleza también conmueve al ser humano, por más que no esté el espíritu del artista mediante.

La naturaleza es obra de Dios, de su sabiduría y de su bondad; los monumentos de arte no son más que obras del hombre.

Refuta esto diciendo que hay algo de divino en el hombre y que lo divino se manifiesta en él en una forma mucho más elevada de la naturaleza. Dios obra en el hombre y por el hombre, afirma.

Principios y origen del arte

Hegel afirma que el arte está reconocido como una creación del espíritu. “El arte tiene su origen en el principio de la virtud del cual el hombre es un ser que piensa, que tiene conciencia de sí; es decir, que no existe solamente, sino que existe para sí…”
El autor explica que esta conciencia sobre sí mismo la obtiene el hombre de dos maneras: una teórica, por la ciencia, la otra práctica, por la acción.
Refuta dos ideas. La primera se refiere a que el fin del arte es crear una sensación de placer y la segunda considera el gusto como sentido bello. Con respecto a la primera, dice que la sensación es puramente subjetiva e individual y que no aporta más que clasificaciones arbitrarias y artificiales. Aceptamos esta opinión al considerar que una obra produce diferentes sensaciones y emociones en sus contempladores. Pues entonces aquí entra en juego la subjetividad.
Acerca del gusto dirá que éste, considerado como sentido de lo bello, no puede penetrar en la naturaleza íntima y profunda de los objetos ya que ésta no se revela a los sentidos ni incluso al razonamiento, sino a la razón.

El arte ocupa un lugar intermedio entre la percepción sensible y la abstracción racional. Se distingue de la primera en que no se obstina en lo real sino en la apariencia, en la forma del objeto y no siente la necesidad de consumirlo, de utilizarlo. Difiere de la ciencia se interesa por el objeto particular, en una imagen de verdad.

Fin del arte

La opinión más frecuente respecto al fin del arte es la imitación. Pero ¿para qué reproducir lo que ya da la naturaleza?, se pregunta Hegel. Pues la copia quedará siempre por debajo del original. Sostiene que lo que le place al ser humano no es imitar, sino crear y que el arte representa ideas sirviéndose de las formas de la naturaleza como símbolo para expresarla. La expresión no es la finalidad del arte, aclara, así como tampoco lo es el perfeccionamiento moral.
Hegel explica que el arte se dirige al sentido de lo bello. Agrega que cuando sus obras son puras su efecto sobre las almas es saludable, pero que no tiene como fin inmediato producirlo. Entonces, ¿existen obras puras?, ¿cómo las consideraría el autor?

El texto concluye afirmando que el fin verdadero del arte es representar lo bello. ¿Podemos saber con exactitud qué debemos considerar como tal? Pues no podríamos escribir un procedimiento acerca de las reglas que convierten a una creación artística en bella y si bien tal vez nos acerquemos a algunos conceptos y podemos extraer afirmaciones e hipótesis, asignándoles un carácter universal lo cual es prácticamente imposible.
Como hemos visto, existen muchas maneras de considerar qué es lo bello, artístico, y qué no lo es. Cuando la subjetividad adquiere un valor tan importante como lo hace en el arte, es imprescindible tener en cuenta que las nuevas tesis que se plantean sólo aportan otro punto de vista al tema, pero no constituyen una por ello una verdad absoluta.

La Intuición y El Arte

Benedetto Croce plantea que el arte está relacionado con la intuición, pero se refiere a una intuición diferente que es más compleja que la habitual. Afirma que hay un tipo de intuición general y otra expresiva. En esta última ubica el arte.

¿Qué entiende el autor al hablar de intuición expresiva? Considera que hay personas que tienen más aptitud que otros y mayor disposición para expresar plenamente ciertos complejos estados de ánimo. Al lenguaje corriente lo llama artista y en una definición más pretenciosa lo llama obras de arte. Ellos son quienes están dotados de esta intuición expresiva.

El hecho artístico o estético condensa a toda la ciencia del conocimiento intuitivo y expresivo. No existe una separación entre una intuición común y otra artística, sino una sola estética que se manifiesta en ese hecho estético.

Croce se pregunta si el hecho estético consiste sólo en el contenido o en la sola forma, o en la forma y en el contenido a la vez. Por contenido o materia entiende la emocionalidad no elaborada estéticamente o las impresiones. En cambio, por forma interpreta la elaboración, es decir, la actividad espiritual de la expresión.

Rechaza la idea que entiende el acto estético sólo como el contenido, así como aquella otra que lo hace consistir en la adición de la forma al contenido, o sea en las impresiones más las expresiones. Refuta estas dos para afirmar que en el acto estético las impresiones surgen de la expresión elaborada y formada. “El acto estético es, por lo tanto, forma y nada más que forma”, afirma Croce. Si bien el contenido es transformable en forma, solamente cuando haya sido transformado tendrá cualidades determinables y recién entonces tendrá contenido estético.

Croce toma la hipótesis de que el arte es imitación de la Naturaleza y explica por qué no está de acuerdo con ella. Disiente cuando se considera a la imitación como una reproducción mecánica y propone entender la imitación no como copia fiel y mecánica sino como idealización y representación intuitiva de aquello que nos rodea. Aquí podemos hacer una vinculación con la concepción hegeliana quién no aceptaba la concepción de arte como simple imitación de la naturaleza.

El autor toma como ejemplo la fotografía. Explica que cuando esta tiene algo de artística lo es porque transmite la intuición del fotógrafo, su punto de vista y su actitud. Podemos argumentar que aquello que se destaca en esta disciplina no es la reproducción mecánica de la naturaleza (si bien tiene un gran valor en diversas ocasiones) sino la contemplación del fotógrafo sobre una situación o un objeto a través de su sensibilidad. La fotografía, por sus características técnicas (la cámara posee un encuadre propio), es indefectiblemente subjetiva al recortar una parte de la realidad. En ese recorte subjetivo entra la mirada del autor, que está atravesada por la forma en que la presenta y necesariamente va a transmitir diversos sentimientos que podrán coincidir o no con los del espectador. Por otro lado, existen a su vez diversos elementos, como la iluminación por ejemplo, que afectan la connotación de la imagen.
Si optásemos por ponemos del otro lado y justificamos la afirmación de Croce podemos decir que la fotografía no es arte del todo porque el elemento natural permanece ineliminable e insubordinado.

Se pregunta si frente a una fotografía, por más perfecta que sea, experimentamos una satisfacción plena. La respuesta a esto deberá depender de la postura que tomemos: aquella que plantea Croce o la opuesta.

El autor afirma que el arte es conocimiento y forma porque no pertenece al sentimiento y a la materia psíquica debido a que la intuición es conocimiento libre de conceptos, por más simple que sea la percepción de lo real.

Teoría de los sentidos estéticos

De acuerdo al autor, esta teoría presenta un error al buscar una transformación del contenido a la forma. Se pregunta acerca de cuántas impresiones sensibles pueden entrar en las expresiones estéticas y cuáles tienen que entrar necesariamente. Su respuesta lo conduce a pensar que todas las impresiones pueden entrar en la expresión o formaciones estéticas pero que ninguna tiene que entrar necesariamente. Afirma que no es más que una ilusión creer que una pintura nos da impresiones simplemente visuales. En este sentido, coincidimos con esta observación del Croce debido a que la percepción no afecta jamás a un solo sentido. Toda persona que contempla una obra lo hace con todos sus sentidos y carga emocional. Si bien es probable que haya un sentido que tome mayor importancia frente a determinada obra de arte, todos son afectados por ella. La relación que se crea entre el espectador y la obra varía entre las personas que la observan.

Croce afirma que cada expresión es única y explica la indivisibilidad en la obra de arte. Afirma que cualquier división anula la obra. Por ejemplo, al dividir un poema en párrafos obtenemos un fragmento del mismo pero ya no un poema. ¿Cómo consideraría Croce un video clip donde existe una fragmentación de la imagen?

Podríamos nombrar otras características del arte que son su acción libertadora y purificadora. Es libertadora porque arroja la pasividad al exterior. Al elaborar las impresiones, el hombre se libera de ellas. Podemos estar de acuerdo con esta afirmación ya que esa liberación de la cual habla el autor podríamos observarla como un posible binomio: es factible que ese sentimiento se dé tanto en el artista que hace la obra como en el espectador. Y así se logra la purificación.

El Arte como Apariencia y El Arte como Imitación

Tanto Platón como Aristóteles plantean que las manifestaciones artísticas son imitaciones de la realidad y que en ellas no podemos hablar de verdad. “Bien lejos de lo verdadero está el arte imitativo”, dice Platón. Su postura va a ser más extrema al considerar que el arte es desfavorable para la mente humana.

Platón concentra su crítica en Homero y a partir de él analiza el arte en general, la poesía la pintura en particular. Identifica tres tipos de objeto: el que existe en la naturaleza, fabricado por Dios; otro hecho por el hombre; y el otro que imita lo producido por el anterior.

En la práctica, y siguiendo con el ejemplo que él toma, decimos: la cama existe en el mundo de las ideas, otra la que hace el carpintero y otra la que hace el pintor. Por lo tanto, el artista es un imitador y por extensión, también lo es el autor de tragedias.

El autor plantea que por medio del arte se puede engañar a niños y hombres necios, debido a que el pintor, por ejemplo, puede no entender o no importarle lo que pinta, pero su imitación podrá crear la ilusión de que su dibujo es real. Por esto, el autor explica que el buen poeta debe conocer sobre el objeto que escribe y quién no conoce la verdad será fácilmente engañado. El conocimiento tiene un peso fundamental en su concepción del arte ya que considera que si el artista tuviera entendimiento de aquellos objetos que imita, buscaría trabajar más en ellos que en su imitación.

Platón considera tres tipos de de artes distintos; en su utilidad, en la fabricación y en la imitación. Cree que el imitador no podrá jamás opinar adecuadamente acerca de los objetos que imita porque no lo conoce y por lo tanto, concluye que la imitación no es cosa seria.

Sostiene que todo arte imitativo realiza sus trabajos a gran distancia de la verdad y que trata con la parte que se aleja de la razón y ello no tiene ningún fin sano ni verdadero. Entonces, los sentimientos y emociones, tal como sostiene Platón, ¿deberían ser reprimidos y sólo permitirles salir a la luz cuando el hombre esté en soledad y no se avergüence de ellos? En la actualidad, esta postura no podría ser considerada ya que el arte es uno de los canales más importantes de expresión y tampoco podríamos tomar la idea de que sea vil como lo dice el autor.

Es cierto que el arte, en parte, intenta imitar la realidad (aunque no siempre lo logra) pero una vez que la obra está terminada se separa del objeto imitado y cobra importancia por sí misma.
¿Cómo consideraría Platón una obra de arte abstracta? ya que éste considera justificada la necesidad de la representación figurativa y tiende a sustituirla por un lenguaje visual autónomo, dotado de sus propias significaciones. Por lo tanto, no estaría imitando la realidad. Posiblemente, Platón lo interpretaría como una imitación fallida de algo, por lo que no lo consideraría arte.

Por otro lado, Aristóteles también habla de imitación y reproducción con respecto al arte, pero lo resta la concepción de vil y engaño como lo trata Platón. Se centra más que nada en las diferentes maneras que tiene de expresarse. Así, distingue tres formas de reproducción por imitación: 1. Por imitar con medios genéticamente diversos, 2. Por imitar objetos diversos, 3. Por imitar objetos, no de igual manera sino de diversa de la que son.

El arte se manifiesta a través de colores, figueras, de la voz, del ritmo, de las palabras, de la armonía y de la métrica entre otros elementos.
Los imitadores reproducen hombres en acción pero se diferencian en que reproducen imitativamente cosas diversas y de diferentes maneras. Eso es lo que va a distinguir a una obra de arte.

Aristóteles define y diferencia al drama, la comedia, la tragedia y la epopeya. La comedia propone reproducir por imitación a los hombres peores que los normales y la tragedia a mejores. Al drama lo define como el arte que imita a los hombres de acción; la comedia como la reproducción imitativa de hombres viles o malos, en especial aquella maldad fea que es la que corresponde a lo ridículo.

Epopeya y métrica conducen en ser, mediante métrica, reproducción imitativa de esforzados, diferenciándose en que la tragedia se sirve de la métrica uniforme y de estilo narrativo. Cambia también de extensión. La tragedia intenta durar un día y la epopeya no tiene un tiempo determinado. “todo lo que hay en los poemas épicos lo hay en la tragedia, pero no todo lo de la tragedia es de hallar en la epopeya.”
La tragedia fue cambiando a través del tiempo y de pequeña trama y vocabulario cómico se trasformó en majestuosidad. Desechó el tono satírico e introdujo el diálogo.

Aristóteles le atribuye dos causas al origen de la poesía. La primera de ellas es que desde niños le resulta natural al ser humano imitar (así se diferencia de los animales). La segunda causa es que todos se complacen en las reproducciones imitativas. El autor habla sobre el placer frente a la contemplación de semejanzas porque a través de ella se aprende y razona sobre qué es cada cosa. “Este es aquel”, dice Aristóteles. Significante en Soussure tal vez.

Este placer frente a la imitación es una diferencia fundamental con Platón ya que él planteaba que la poesía era dañina para el hombre y podía engañar.
Estas dos posturas parecen plantear lo mismo en un principio pero claramente se diferencian luego. De acuerdo a nuestra concepción del arte hoy nos acercamos más bien a la idea de Aristóteles de placer frente a la contemplación y nos alejamos en igual proporción del punto de vista de Platón.